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En general tengo un problema grave respecto a la resolución de conflictos y la negociación, porque en efecto, nunca se resuelven, sino que terminan convertidos en problemas aún más grave de lo que eran al comienzo o bien llego a resultados en donde salgo desfavorecido. Por eso he estudiado el tema varias veces, tanto por asuntos de superación personal, como por necesidad laboral, pero siempre me pasa lo mismo: tener conflictos me descompone.

Entonces, aburrido de meter las patas constantemente, de salir perdiendo o cediendo mis derechos para lograr la paz, de negociar como un feriante que regatea por un kilo de limones o como un narcotraficante que arregla acuerdos en secreto, me puse a leer un poco más y llegué a dos buenos amigos que me han dado algunas luces. No son novedad, porque sus teorías son reconocidas ampliamente en todo el mundo, pero si no has leído de ellos, te va a servir este post.

Son los queridos Ken Thomas y Ralph Kilmann, un par de simpáticos investigadores que se han hecho ricos con un teoría de resolución de conflictos vendiendo libros, haciendo charlas y apareciendo en miles de blogs como este, donde gente poco creativa como yo, se cuelga de sus ideas para escribir cosas.

Ellos proponen que todos, en mayor o menor medida, utilizamos 5 estilos de resolver conflictos, aunque a la hora de la verdad no usamos más que dos y obviamente, conocer esas estrategias (generalmente inconscientes), en teoría debería ayudarnos a salir mejor parados y tomar mejores decisiones de negociación y resolución de problemas.

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(Aquí les comparto una gráfica en 3D que me tomó un mes en desarrollar para poder explicar como se relacionan estos 5 estilos de enfrentar y resolver un conflicto)

Estilo Competitivo

Estos tipos nos caen mal. Ojalá tu no seas así. Son personas tozudas, tercas, absortas en sus propias ideas y su único objetivo es ganar a toda costa y hacer valer su posición. Unos desagradables. No obstante, casi siempre consiguen lo que quieren.

Yo no soy de estos, al contrario; parece que los competitivos me huelen y pasan por encima mío imponiendo sus cosas y yo, intentando aparentar seguridad y decisión, pataleo un poco. Los competitivos van a todas, incluso si existe el riesgo de quedar mal ellos o de romper alguna relación.

Se aferran a sus ideas y tratan de salirse con la suya. No tienen mala intención, porque de hecho, creen que su idea y posición es la mejor y la que es más conveniente para todos. ¡Qué manga de pelotudos y soberbios! Pero lamentablemente necesitamos de estos la mayoría del tiempo.

Estilo Complaciente

Yo soy esto la mayoría del tiempo, aunque de verdad, tengo gran capacidad para pasar desapercibido e incluso aparentar ser un competitivoEs pura inseguridad la que me hace esconder lo que soy.

Somos complacientes cuando los problemas y las preocupaciones de los demás nos parecen más relevantes que las nuestras. Algo muy propio de los cristianos, que ponemos toda nuestra atención en el prójimo y lamentablemente, carecemos de amor propio. Como resultado, nos acomodamos y cedemos (y muchas veces somos profundamente infelices por eso)

¿Y por qué cedemos? Porque consiente o inconscientemente creemos que conservar la relación entre las partes es más importante que cualquier otra cosa, por lo que frente a algún intransigente (o competitivo) cedemos, porque nos interesa mantener la salud de las relaciones en lugar de salvar nuestras posturas.

Estilo Evasivo

Estos me caen tanto o más mal que los competitivos. No se involucran, ni siquiera son complacientes; simplemente evitan los problemas, huyen de las conversaciones, dejan el visto en WhatsApp aunque todos sabemos que leyeron el mensaje.

Un ejemplo clásico de evasión es cuando a un amigo que tiene comida en un diente, un moco asomado en la nariz o el cierre del pantalón abierto. Preferimos evadir y mirar para otro lado. Amigo, tu que lees, si en algún momento tengo algo colgando en la cara o se me ve una parte de mi cuerpo que no debería, lo mejor que puedes hacer es decirme. No permitas que pase esa vergüenza, no evadas.

La mayoría de las veces que mis conflictos tienen que ver con mi estado financiero o de salud, soy evasivo. Prefiero no revisar mi estado de cuenta en el banco ni pedir una hora en el médico para ver como voy de salud. Esos temas sé que son delicados, que probablemente van mal y que si no les presto atención irán peor; pero algo que escapa de mi control, me hace evadir.

Aunque también hay una forma positiva de evasión, sobre todo cuando consideramos que no es el momento ni el lugar adecuado para tratar el conflicto. Cosa que algunos jefes o parejas no saben y se les ocurre resolver sus problemas en medio de una cena familiar o de una reunión de trabajo.

Otra circunstancia que justifica a los evasores es que si se sienten en desventaja o piensan que no saldrán beneficiados porque corren el riesgo de terminar cediendo como los complacientes (o sea como yo). Los asuntos incómodos y embarazosos también son firmes candidatos a ser aplazados.

Estilo Colaborador

Los colaboradores son buenas personas. Se cansan, se esfuerzan y dan lo mejor de sí para encontrar una solución que satisfaga a todas las partes implicadas.

Por su puesto, ser colaborador es muy trabajoso y cansador y los resultados no son mágicos. Es el estilo preferido de las parejas que buscan llevarse bien (porque increíblemente hay algunos que les gusta la pelea), en donde todos quieren conservar el buen estado de su relación.

Otro elemento importante que necesitas saber, es que si deseas ser un colaborador, todo lo que hagas requiere tiempo y será muy lento. Si la solución que buscas es apurada, lamentablemente ser colaborador no es buena opción.

Estilo Comprometido

A medio camino entre el estilo complaciente y competitivo, pero no tan colaborador. El concepto podría ser “ni para ti, ni para mí”.

Es cuando mamá veía que peleábamos con nuestros hermanos por un juguete. Una mamá de estilo colaboradora habría buscado que todos ganen y que el juguete lo tenga un rato cada uno. Una mamá comprometida en cambio, ama la causa, el objetivo y no tanto a las personas, por lo tanto una mamá comprometida por amor a la paz del hogar, quita el juguete a los dos y así nadie juega y nadie pelea.

Somos comprometidos cuando buscamos una solución intermedia, amargamente intermedia en donde aparentemente todos ganan un poco, todos ceden mucho y no se hace nada de lo que se había pensado al comienzo pero logramos la paz y finalmente resolver el conflicto.

Piedra, papel o tijera

El otro día fui a un concierto y al final de este, el baterista de la banda lanzó sus baquetas al público. Una de esas baquetas fue atrapada por dos fans al mismo tiempo, uno en cada extremo de ella. Yo vi la escena desde lejos, pero quedé fascinado por la forma en que lo solucionaron. Sin soltar la baqueta, por temor a perderla, uno de ellos grito en medio de la bulla de gente: «Cachipún a la primera» y el otro le dijo «ya po». Final feliz para todos. El que ganó se llevó el trofeo y el que perdió fue derrotado en justicia y sin derecho a réplica pero conforme con el justo resultado.

En Chile llamamos Cachipún a lo que en todo el resto del mundo llaman «Piedra, papel o tijeras» . Un juego azaroso pero lleno de estrategia. Creanme cuando les digo que prestigiosas universidades han dedicado cuantiosos estudios para comprender el fenómeno. Si hasta en tribunales se han resuelto disputas utilizando el método. ¿Acaso no has sentido que después de comenzar con una de las figuras debes repetir un par de veces para hacer caer a tu oponente? Estrategia pura y dura.
(si quieren aprender cómo ganar, lean aquí)

Sin dudas, el peor consejo que podría darte es resolver tus conflictos con un juego de azar y nada tiene que ver con el Modelo de Thomas y Kilmann, pero estoy seguro que más de algo en la vida lo has hecho así, sobre todo cuando la inocencia que nos regalaba la infancia nos permitía salvar de complicadas situaciones haciendo figuras con las manos a la cuenta de 3 y aún si hubiéramos ganado o perdido, nuestros amigos seguían siendo nuestros amigos. Al final, los conflictos son eso y no se nos puede ir la vida en los problemas.

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